Sería maravilloso que que fuéramos capaces de hablar de lo que duele...
Porque ese dolor que nos callamos se estanca adentro, en algún rinconcito y ahí se pudre... enferma.
Hablando de lo que duele nos liberamos, nos sanamos, logramos que nuestros problemas se normalicen y le quitamos importancia a todo... seríamos capaces hasta de reírnos de nosotros mismos.