River, intentás competir conmigo, como si tuvieses un hecho del cual poder agarrarte, ahí en las penumbras en las que te encontrás, chocando paredes y sin saber donde ir. Pero lo cierto es que somos demasiado diferentes. Yo soy Boca, yo soy el tricampeón del mundo, el que tiene más Internacionales en el mundo junto al AC Milan, el que tiene como ídolo a un jugador con más Libertadores que vos.
Te colgás de la bandera negra, simplemente por el hecho de que un puñado de hinchas demostraron su frustración con no poder salir campeón, agradeciendo irónicamente la consagración inexistente. Pero no insultó, ni nada. Vos entraste a la cancha, le golpeaste a un jugador, les pediste a tus jugadores que pusieran huevos, zarandeándolos, cuando descendiste rompiste tu estadio, arrancabas las butacas y las tirabas a la cancha, después saliste afuera y rompiste tu barrio, robaste los kioscos, prendiste fuego los negocios.
Tratás de cargarme con mi popularidad mundial, discriminando a los bolivianos y paraguayos, ignorando que para mí es un orgullo que ellos formen parte de esta entidad y que compartan el mismo sentimiento que los millones de argentinos. Así como lo hacen los japoneses, los europeos y los norteamericanos.
Hablás de abandono, pero vos también abandonaste, de hecho ni siquiera concurriste al partido, como una manifestación a los pobres resultados de tu equipo, en el año 1981. Y luego está lo del 2001, que peleabas el campeonato sin tu gente, con el Monumental vacío, abandonaste a tu club, lo dejaste de lado. Y eso no es de hincha.
Hablás de decreto, sin saber que ese decreto fue sentenciado para que vos no descendieras a la B Nacional, y para ello determinaron que los de Segunda ascendieran y los de Primera no pudieran descender.
Yo en las malas estoy. Vos, no. Vos alentás en las buenas y en las malas callás. Es por ello que soy el más grande. Un saludo, emplumado.