Suena el motor más
fuerte.
El chico comienza
la carrera, apreta el turbo
y se dirige a la meta.
El chico se acerca,
algo extrañado ve
que la carrera cambia
y se dirige a un puente.
Al llegar ahà ya no puede
volver.
Pero siente que ahÃ
es donde pertenece,
siente que ahà el puede cuidar
a los demás y ayudar en algo.
Ahora está haciendo carreras
con Dios en el cielo,
cuidando a su esposa
cada dÃa como estaba vivo.
Pero, mientras nosotros
lloramos su partida, el nos
mira desde arriba,
viendo como nos afectó
su partida,
recordando cada cosa
que hizo por las personas
que lo necesitaban.
Desde aquà te damos
las gracias, joven corredor.
Descansa en paz, Paul Walker.