Y un día dejaré de respirar. Todos mis temores, mis secretos, mis diversiones, mis llantos, mis miradas, mis risas, mis recuerdos, todo, se irá de este mundo y ya no significaré nada. Nada. Simplemente... nada... Excepto si de verdad le importo a alguien. Para esa persona será una pérdida triste, claramente. Pero lo superará. Porque ya no significaré nada. Nada.