A mí también me fallaron quienes menos imaginaba que lo harían. Me ofendieron, me criticaron, me difamaron, me adjudicaron cosas que hicieron otras personas, me negaron la palabra... Condena sin juicio y sin derecho a defensa. Conclusión: aprendí que la palabra AMIGOS es muy grande como para andar diciéndola a la ligera y aprendí algo más importante: EL VERDADERO AMIGO no necesita que le pruebes nada, sabe realmente '' quién sos'' y se ríe de los difamadores, tanto, pero tanto,..., que al final después de la primer bronquita que te dá la acción de gente de tremenda calaña, te termina contagiando la risa que le dá lo que está escuchando. Sabio aprendizaje.