Bienaventurados son aquellos que no le temen a la soledad, que no le tienen miedo a su propia compañía, que no están siempre buscando algo que hacer con desesperación, algo con qué divertirse, algo para juzgar.
Si nunca estás solo, no podrás conocerte.
Y si no te conoces, comenzarás a temerle al vacío.