Una princesa no tiene porqué ser alta; con ojos azules o de pelo rubio. Puede bastar con que sea chiquita, risueña, con unos ojos brillosos, una ternura infinita y hasta con una actitud maternal. Solo basta que te diga te amo, mi amor o que está enamorada de ti. Una verdadera princesa es aquella que te ama de verdad. J.