Del poroto que se gana
En un punto de baraja,
Y de un guante entre las cuerdas
Que la campana ordenó.
De la hinchada, la gambeta
Y de un sueño en mi garganta,
Que te dice: ¡Madreselva!
Cada vez que grito un gol.
Yo soy de allÃ, con orgullo,
Hasta el final de mis dÃas.
Tengo negro y rojo el pecho
Y fuego en mi corazón,
Que me quema cuando paso
Del otro lado ´e la vÃa,
Donde el viento me regala
El aroma de una flor.
Del club que ganó su fama
Por su inmortal sentimiento,
Un cielo lleno de estrellas
Que adormecieron al sol.
Dejó en las noches del barrio
Colgado como de un cuento,
Las madrugadas del alma
Y en el ocaso, mi voz.