''Un amigo nuestro se fue a un país de África y tuvo la mala idea de ir a c*ger dátiles del palmeral real, cosa más que prohibida. Fue apresado y condenado a doscientos años de cárcel en la prisión de alta seguridad del reino.
La cárcel tenía cuatro salidas, todas conectadas con la celda y cuyas puertas siempre estaban abiertas. Ahora bien, entre la celda de nuestro amigo y la libertad había unas habitaciones a cual más peligrosa.
En la primera había tres feroces y hambrientos leones; en la segunda, más de veinte serpientes venenosas que esperaban que cayera alguna presa; en la tercera, el techo era una enorme lupa que multiplicaba los rayos del sol por mil y achicharraba todo lo que pasaba por debajo; finalmente, en la cuarta aguardaban cuatro guardianes de una tribu de caníbales que estaban hartos de comer sólo verdura.
Nuestro amigo tenía que estar en Londres al cabo de unos días por unos asuntos de negocios, así que estudió el tema y halló una manera de huir sin sufrir daños irreparables''.