¿Soy yo acaso, Señor?
¿Soy yo quien moja el pan en tu copa
pero no apura el cáliz de tu justicia?
¿Soy yo quien se preocupa de los modos
pero olvida la urgencia del reino?
¿Soy yo quien te entrega
por treinta monedas de plata,
por treinta razones injustas
por treinta sacos cargados de excusas?