Me di cuenta que se me hacía un nudo en la garganta y los ojos se me llenaban de lágrimas. No había comprendido hasta entonces lo mucho que ansiaba seguir respirando, seguir abriendo los ojos cada mañana y poder salir a la calle para pasar las piedras y ver el cielo y, sobre todo, seguir recordando.
Daniel Martin
El Juego del Ángel