Profundamente buena, pasó
haciendo el bien, dejando entre
los suyos el recuerdo de la
felicidad que supo proporcionarles.
La bondad de su corazón y la nobleza
de su alma la hicieron querida por
cuantos la conocieron y su memoria
será siempre recordada.
Los que la hemos amado en vida
no la olvidaremos después de muerta.
Nos la diste Señor para nuestra alegría y nos la arrebataste despedazando de dolor
nuestros corazones. Que se cumpla tu voluntad. Jesús Misericordioso, dale el descanso eterno y que brille para mi abuela
la luz que no tiene fin; concédenos la gracia de reunirnos un día con ella en el Cielo.