'' Ella era irresoluta e insegura, alarmantemente hermosa, patéticamente vacía, y por lo que dejaba entrever ese borrador, infiel: “ sos mi Dios, soy tu puta, podés hacer de mí lo que quieras”. Basteme decir que me admiró. O mejor, admiré a una mujer (la mía). La gente es asombrosa, o tal vez sólo las mujeres lo son.'' (A.C.)