Aceptar.
Uno de los aprendizajes más fuertes y difíciles que existen.
Aceptar es ese túnel largo y oscuro en el que nos metemos y en el que buscamos afanosa, desesperada y vanamente la Luz justo en el medio de él.
Aceptar, es aprender que es necesario recorrer el túnel, para comprender que el objeto de la búsqueda está al final.
Es hacerse consciente, que el único camino es atravesarlo por completo.
Aceptar que algo fue así porque ''tenía que ser así'', porque ''algún bien mayor seguro encierra'', no es fácil, se torna muy complicado hasta en las situaciones que quizás en un principio parecen simples, incluso cuando ya pasamos antes por experiencias muy parecidas.
No todos pensamos igual, no todos vivimos lo mismo en la vida y no todos hicimos la misma lectura e interpretación de lo ocurrido.
Muchas veces, sufrimos más por lo que imaginamos que por lo que en realidad sucedió o sucede.
Aceptar.
Nadar en ese mar de dudas que la mente traviesa e inquieta muchas veces genera y bombardea.
A veces es lindo lograr parar un toque, darnos ese permiso, conseguir ver la importancia que tienen los prejuicios, los mandatos (de toda clase, tipo y procedencia), los programitas que nos llevan a decidir qué es bueno y qué es malo, a juzgar, y cómo esto nos afecta de manera tan notoria en las decisiones que tomamos, en el camino que elegimos a cada instante.
Aceptar que, literalmente, le pusiste el Alma a algo o a alguien, y aún así no fue, no pasó lo que buscabas o esperabas, te quedaste con esa sensación fuerte y amarga, con esa energía que desde tu interior quiere y busca explotar, salir.
Aceptar, es meterte en vos, es navegar en tu Oscuridad, es buscar observarla sin juzgarla, es envolverla en Amor y transformarla así en Luz.
Aceptar, por sobre todo, es decir Gracias por lo vivido.
Gratitud. Trascender.
Rendirse. No abandonar, sino dejar de luchar, de resistir a lo que es.
Aceptar, soltar.